Una visión ampliada de la situación educativa ligada a la productividad. 

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Para empezar algunas cifras: en el año 2013 Australia, Nueva Zelanda y Noruega estaban en los primeros lugares con respecto al “índice de educación” en los reportes de desarrollo humano del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas. Con un total de 187 países registrados, este índice promedia los años de escolaridad media y los años esperados de escolaridad. En términos sencillos, es una medida de la cantidad de educación recibida por una persona a lo largo de su vida. Los países latinoamericanos empiezan a aparecer con Argentina en el número 36 y luego con Chile y Cuba en los puestos 50 y 51 respectivamente. Países como Colombia, Ecuador y Perú están por la mitad de la lista, ni muy malos pero tampoco buenos.

¿Por qué importa esto? El índice de educación es un componente principal del bienestar humano y una variable que se incluye en los cálculos de desarrollo económico y calidad de vida. Si esta relación entre causa y efecto le parece difícil de concebir, véalo por usted mismo en el siguiente gráfico

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Visualización de uso libre de gapminder.org, con licencia CC-BY. Ingreso en dólares por persona por año versus el promedio de calificación en la prueba internacional TIMSS de matemáticas para niños de octavo año de educación básica. El tamaño de cada “burbuja” corresponde a la población de cada país y el color a la región geográfica. Solo los países con datos en la prueba TIMSS están representados.

Según el gráfico, los niños que viven en el nordeste de Asia son campeones en matemáticas y además pertenecen a una población económicamente próspera. Como Japón, algunas son islas pequeñas, de limitados recursos naturales y densamente pobladas, con muy poco petróleo u otras fuentes de energía fósil. Pero no es necesario destacar en matemáticas para vivir en una sociedad económicamente próspera, como Qatar y Kuwait donde se puede explotar grandes cantidades de petróleo. Sin embargo, depender del petróleo para sostener la economía de una nación resulta ser hoy una apuesta peligrosa. Las nuevas tecnologías energéticas y de transporte (p. ej. Tesla), cada vez más baratas y competitivas, podrían marcar un cambio de época en la economía mundial. Extraer y vender petróleo podría llegar a ser un mal negocio. Peor aún si no eres bueno en matemáticas y además vendes solo productos primarios no elaborados (p. ej. banano, camarón, flores, etc.). ¡Atenta Latinoamérica!

Por: PhD. Pablo Jarrín Valladares

PhD en Ecología, Evolución y Comportamiento de la Universidad de Boston. Ha trabajado como asesor científico para el Consejo Provincial de Pichincha, director científico de la Estación Científica Yasuní y director ejecutivo de Finding Species Inc. Actualmente, es profesor de biotecnología en la Universidad Regional Amazónica Ikiam, en la región amazónica del Ecuador. Sus áreas de interés son: biotecnología, evolución y estadística.